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sábado, 24 de diciembre de 2011

Soneto LVII


Siendo vuestro esclavo, ¿qué puedo hacer sino esperar la hora e instante de vuestro deseo? No tengo tiempo precioso que emplear, ni deberes que cumplir, hasta que me aviséis. Ni me atrevo a impacientarme ante la eternidad de las horas, soberano mío, mientras contemplo el reloj aguardándoos; ni pienso en la amargura cruel de la ausencia, cuando habéis dicho adiós una vez a vuestro servidor. Ni oso interrogar a mis pensamientos celosos dónde podéis hallaros o dónde os llaman vuestros asuntos; sino que, a manera de un triste esclavo, espero y no pienso en nada, a no ser en cómo hacéis felices a aquellos a cuyo lado estáis. El amor es un loco tan leal, que en todo cuanto hagáis, sea lo que fuere, no halla mal alguno.

WILLIAM SHAKESPEARE

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